Telefé le tira un centro a Cebollitas

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Por estos días y hasta el viernes 25 de enero, el canal de Youtube oficial de Telefé (la señal argentina que dio origen a la serie Cebollitas) lanzó un concurso entre varias de sus series clásicas de la década del 90 para reponerlas… en internet. Al menos todavía, no las volverá a emitir por TV, pero al menos subirán los capítulos en buena calidad a Youtube.

El spot con que se lanzó el concurso es el siguiente:

Las opciones para votar son: Cebollitas, Verano del 98, Muñeca Brava, Los Simuladores y Trillizos. 

Obviamente, desde acá, le puse el voto a los pibes de Don Lucero porque, ante todo, era seguidora de esa serie y no las otras (Los Simuladores llegarían más tarde).

Y  ATENCIÓN, revisando un poco el canal de Telefé, me desayuné (porque sí, estoy actualizando el blog a la mañana) con que subieron 133 capítulos de Chiquititas, serie hermana, o prima, de Cebollitas. Si les gustaban las nenas cantantes y repletas de dramas, pueden darse una panzada para hacer de estas vacaciones algo productivo, ja!

Y si te quedaste con ganas de ver dónde están actualmente los chicos de Cebollitas, pasá por esta entrada.

¡Adios, señor Drummond!

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De maldición de Blanco y Negro nada, en este caso. Algunos quizás recién se enteren de que Conrad Bain, el Señor Drummond, seguía vivo hasta hace tres días, pero para los que lo teníamos presente, fue triste enterarse de que el 14 de enero falleció a los 89 años. A diferencia de sus compañeros, en este caso tuvo una larga y buena vida.

De modo que, del casting original de la serie que marcó un hito en las sitcoms de los 80, sólo queda Todd Bridges (Willis). En el caso de Bain, es cierto, vivió una larga vida a diferencia de Gary Coleman (Arnold) y sobre todo Dana Plato (Kimberly) cuyas vidas estuvieron signadas por distintos dramas que se llevó a hablar de la supuesta maldición sobre una serie donde se mezclaron, más bien, un estrellato demasiado prematuro y la clásica depresión después de un gran éxito.

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Dinosaurios eran los de antes. Los de hace 65 millones de años.

Todo parece indicar que, por fin y tras muchas idas y vueltas, se hará Jurassic Park 4. ¿Qué sentimientos despierta? Es difícil de decir. Sin dudas la primera película, basada en la muy buena novela de Michael Crichton, fue un hito absoluto de la década del 90, una película hermosa desde muchos puntos de vista y, a título personal, lo más impactante que me tocó ver en mi más tierna infancia. La primera vez con Jurassic Park es rito iniciático. Si tenías la edad justa y cierto grado de chifle por la fantasía, era entrar a un mundo de posibilidades increíble. Nada volvió a ser igual después de Jurassic Park y, a partir de ello, un boom pseudo paleontológico infantil se desató en toda la década. Claro, después de eso vinieron dos secuelas de Jurassic Park, y su mediocridad es lo que agita algunos miedos con respecto a la cuarta entrega.

Pero, como siempre, no es función de Que Planeta Generoso referirse a las novedades de Hollywood, sino hablar de aquellas cosas fabulosas y espantosas que coexistieron gracias a, en este puntual caso, el estreno de Jurassic Park.

Envuelta en un halo científico medianamente convincente para nosotros los mortales sin doctorado (y en muchos casos sin la primaria completa, por entonces) Jurassic Park fue un volver a creer en que era posible. Ok, hace unos pocos años unos investigadores trasnochados se dedicaron a decir lo obvio y explicar por qué no se puede revivir a los dinosaurios usando ADN de mosquito. Pero, da igual, la marca siempre quedará a través de una serie de subproductos que surgieron a la sombra del T Rex.

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Fantasías animadas de Tolkien, de ayer y hoy.

Este artículo fue inicialmente publicado en la revista virtual Comlink #6 del foro Universo Star Wars.

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¿Una adaptación para dominarlas a todas?

No todo Tolkien es Peter Jackson, y mucho antes de que el director neozelandés le diera su lectura a la obra sobre la Tierra Media, ya existían tres películas basadas en ese universo y otras… bueno, diferentes. Comenzando por lo más destacado, debemos viajar por un momento al 27 de noviembre de 1977, pleno Día de Acción de Gracias en Estados Unidos. Una de sus principales cadenas, la NBC, presentó por esa fecha una película animada de 77 minutos titulada “El Hobbit”, que se convertiría en la primera versión audiovisual, en forma de largometraje animado, de las aventuras de Bilbo Baggins. Su animación, completamente tradicional y de diseños infantiles, estuvo a cargo de la empresa Rankin/Bass que había dado sus primeros pasos en el stop motion. Unía, en su nombre, a las dos mentes creadoras de Arthur Rankin y Jules Bass. La empresa estaba en la mitad de su vida, habiendo nacido en 1960 y quedándole por delante diez años más de actividad. Todo lo que la empresa filmó después de 1974, incluyendo esta versión de “The Hobbit” actualmente está en posesión de Warner Bros.
the_hobbit_cartoonRegresando a la película en concreto, si quedaban dudas de que efectivamente puede hacerse una buena adaptación al guión del libro en pocos minutos, eso queda demostrado en este film. Más allá de algunos diseños que chocan con el imaginario inaugurado por Jackson, y ciertas limitaciones al momento de imprimirle realismo a los movimientos, es destacable la fidelidad con que la historia fue plasmada. También da que hablar la aparición de Gollum, en una versión, estéticamente hablando, que dista mucho de la que tenemos actualmente, pero que no deja de ser una reversión acertada de las descripciones plasmadas en el libro original. Muchos serán los que leyeron la novela antes de ver “El Señor de los Anillos” en versión Jackson, y quizás si se retrotraen a esa primera impresión que les dio Gollum en su encuentro con Bilbo, y a esa primigenia forma en que lo imaginaron sin la influencia del Gollum live action, es posible que encuentren varios paralelismos en la idea elaborada por Rankin/Bass.
Mención aparte merece la música, obra de Maury Laws, que tiene la particularidad de no ser un conjunto de melodías sin vinculación concreta con la obra original, sino que muchos de los textos y canciones aparecidos en “The Hobbit” fueron adaptados en forma de canción por el propio Jules Bass quien actuó como letrista de la OST. Como en todo, la última palabra sobre la calidad de las obras, las tiene uno mismo, pero vale decir que, si bien tuvo críticas diversas, esta versión animada de “The Hobbit” llegó a medirse por nada menos que un premio Hugo, los más destacados para el mundo de la ciencia ficción. Sin embargo, lo perdió ante otra obra que daría mucho de qué hablar. Si retuvieron el año de esta película, no les costará descubrir a la vieja conocida que retuvo el galardón: Star Wars.

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Aunque Rankin/Bass habían dado el batacazo con su adaptación, la segunda en orden de aparición no fue producida por ellos. Para ubicarnos en las personas detrás de estas obras, vale decir que la dupla Rankin/Bass, debía mucho de sus logros a la admiración que sentían por las producciones de la Toei y de Osamu Tezuka a lo largo de la década del 60. Para ser apenas un publicista y su cliente fiel, Rankin y Bass fueron muy prolíficos en el mundo del cine, con la filmación de 130 cortometrajes. Tras sembrar éxito con el especial de navidad Rudolph, the Red Nosed Reindeer, siguieron cosechando éxitos en otras festividades, hasta la llegada de ese Día de Acción de Gracias que le regaló al mundo su primer Hobbit animado.
No obstante, como aclarábamos, la segunda película animada sobre el universo de Tolkien no fue producida por ellos, sino por Ralph Bakshi, un curtido animador estadounidense que se había hecho famoso por versionar la obra de Robert Crumb, Fritz the cat.
Apenas unos meses después del estreno de “El Hobbit”, hizo su aparición la primera adaptación sobre “El Señor de los Anillos”, nuevamente en formato animado, pero esta vez con técnicas que distaban bastante de lo visto en la obra de Rankin/Bass. Para esta nueva obra, Bakshi metió mano al rotoscopio. Pero antes que nada vale hacer mención a que la trilogía protagonizada por Frodo tuvo muchos intentos fallidos de adaptación hasta que se concretase en esta obra de 1978. Inicialmente, Bakshi se había interesado por adaptar la historia allá por fines de los 60, pero los derechos sobre su uso pasaron de una a otras manos y aunque la idea de llevarla a la pantalla rondó la mente de Stanley Kubrick, no fue hasta que Bakshi entró en contacto con United Arist que se concretó el proyecto. Previamente, el cineasta británico John Boorman (director de la versión original de “Catch me if you can”) había fracasado en su intento de adaptar toda la historia de “El señor de los anillos” en una sola película. Luego de llevar el proyecto a varios estudios, Bakshi logró el visto bueno incluso de los herederos de Tolkien, quienes le brindaron toda la información necesaria sobre la obra. A cambio, Bakshi prometió una adaptación fiel, si bien debió reducir la proyección de tres películas a dos, inicialmente.
“El Señor de los Anillos” se distancia mucho estéticamente de la versión animada de “The Hobbit”, lo cual es más que lógico considerando que susgollum producciones no están para nada vinculadas a pesar de la cercanía de sus respectivos estrenos. Cualquiera que vea en estos días “El Señor de los Anillos” de Bakshi notará un tipo de animación ya perimida, pero no por eso menos interesante. Es que esta versión a medio camino entre “La Comunidad del Anillo” y “Las dos Torres” está filmada en rotoscopio, una técnica que consiste en capturar imágenes reales y convertirlas en animación, lo que permite un enorme realismo en los movimientos. Este efecto, inventado en 1912 por Max Fleischer, bastante tiene que ver con la técnica de captura de movimiento utilizada, entre otras tantas producciones, para la creación del Gollum moderno.
El rotoscopio y los diseños de personajes más realistas que en “The Hobbit”, le confirieron a esta segunda película un estilo diferente más vinculado al público adulto que al infantil, y con una historia más épica pero a la vez lenta que la predecesora. Hasta en eso, se puede decir que mantuvo fidelidad. Entre los actores que pusieron las voces a los personajes encontramos a John Hurt (Aragorn) y nuestro querido Anthony Daniels, es decir C-3PO (Legolas).

Pero la historia de las películas animadas concretadas no termina ahí. En 1980 llegaría la última, aunque hablar de trilogía en este caso es forzado. En realidad, “El Hobbit” y “El Señor de los Anillos” no están vinculados, pero las aventuras animadas de Bilbo creadas por Rankin/Bass sí quedan fuertemente ligadas con “ElRetorno del Rey”, ya que volvió a manos de la dupla creativa de la película de 1977.

También presentada como un especial de televisión, Rankin/Bass plantearon su “Retorno del Rey” como una continuación de “El Hobbit” ya que sobre la película de Bakshi no tenían injerencia. De modo que se hacía una breve síntesis de los acontecimientos de los dos primeros libros, y la historia se abocaba principalmente al último de la trilogía literaria. Si bien esta última película es quizás la más caprichosa de las tres en cuánto a qué contar y cómo ( y con qué personajes) sirve como buen cierre de una parte de las adaptacioes Tolkien no tan recordadas. Vale decir que, en cierta medida, se nota que Peter Jackson tuvo muy presentes estas producciones al momento de darle forma a sus personajes. Particularmente el Gollum ideado por Bakshi guarda algunas similitudes con el actual y algo parecido ocurre con el ojo de Sauron de Rankin/Bass.

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No es descabellado pensar que Jackson se haya fijado en estos detalles, dado que el origen cinematográfico del director mucho tiene que ver con la animación. Recordemos que una de las más interesantes facetas de Jackson son sus primeros trabajos como animador de stop motion, cuando apenas era un niño y lo hacía por puro entretenimiento, sin saber hasta dónde llegaría.
Con 12 años, Peter había quedado profundamente impresionado con las escenas de acción a cargo del maravilloso animador Ray Harryhausen, en particular la épica secuencia del combate de lo esqueletos en “Jasón y los Argonautas”. Eso llevó al joven a dar sus primeros pasos a través de la experimentación con diferentes técnicas animadas y de efectos visuales amateur.
Las vueltas de la vida lo llevarían, mucho después, a contar con un infinito presupuesto que le permitiría plasmar una versión, quizás no definitiva, pero sí muy superior a todo lo antes visto en materia de fantasía épica.
Lembas, LSD y vodka

Hubo planes que no se concretaron, y en el mundo de la obra de Tolkien, esto tuvo como protagonistas nada menos que a los músicos más influyentes del siglo, Los Beatles. También este proyecto tenía, en la silla de director, a otro de los hombres más importantes de ese campo, Stanley Kubrick. La idea era, allá por 1967, una primera adaptación de la obra de Tolkien con los cuatro de Liverpool en diferentes papeles principales. Aunque la lógica (si es que esto tiene lugar en un proyecto así) indicaría que iban a ser los cuatro hobbits, en realidad los papeles estaban más dispersos. George Harrison sería Gandalf, Paul Mcartney se había elegido a Frodo, John Lennon tendría que ponerse bajo la piel de Gollum y Ringo Starr, Sam. La idea nunca terminó de cuajar entre los estudios, aunque el propio Peter Jackson aseguró que Kubrick estaba muy seguro de llevar adelante el proyecto y tenía las ideas claras.

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Pero no es la única versión llamativa cercana a “El Señor de los Anillos” y el mundo Tolkien en general. Hay otras dos producciones, una literaria y otra televisiva que, a diferencia del proyecto de Kubrick, vio la luz.
“Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia” es el alma Mater de la obra alternativa de Kirill Yúrievich Eskov un escritor nacido en Moscú que publicó “El Ultimo Anillo” una particular relectura de la obra de Tolkien en la que se toma la perspectiva de los orcos para recontar una historia en la que no hay buenos y malos tan taxativos. Y el amor ruso por el universo Tolkien no termina ahí. Aunque con discutibles resultados, existe una versión televisiva live action de la historia de Bilbo Baggins estrenada en 1984, con la dirección de Vladimir Latyshev.

Actualmente, versiones completas de este especial de TV esquivan las trabas legales de Youtube y pueden verse, por ahora, en idiomas más comprensibles.

28 años soñando con Freddy Krueger (Parte 2)

“Y si muero antes de despertar, ruego al Señor mi alma llevar” (Plegaria infantil)

Con la llegada de la primera secuela de la saga de Freddy Krueger aparecerían también los cambios profundos. Wes Craven se mantuvo en el rol de guionista, pero le cedió el papel de director a Jack Sholder, quien venía de filmar y coescribir Alone In The Dark (1982). En esta nueva entrega, la historia y ciertos conceptos también fueron modificados. Freddy volvía a interesarse por un adolescente, pero no para asesinarlo de las más imaginativas formas, sino como vehículo para regresar a la vida. Freddy´s Revenge (1985) contaba la historia de Jesse, un joven que acababa de mudarse a Springwood y comenzaba a ser asaltado por recurrentes pesadillas ya que Freddy buscaba poseerlo y convertirlo paulatinamente en él mismo. Si bien la película mantuvo el espíritu de la original, fue bastante criticada por los fans debido a que, según la interpretación de los más acérrimos seguidores, Freddy se mostraba mucho más débil, casi por debajo de los adolescentes chillones de turno. Nuevamente sería una chica la que lo enfrentaría, en este caso la novia de Jesse.
Mark Patton fue el actor elegido para protagonizar la película, pero su carrera actoral acabó definitivamente en 1986, apenas cuatro años después de haber empezado. Desde 1995 Mark se dedica a la producción y dirección de obras teatrales en Broadway. En el papel de Lisa estuvo Kim Myers, quien hasta la actualidad colabora en series de TV.
Para la tercera película, Dream Warriors, Wes Craven tuvo una participación accesoria en el guión, ya que por esos años atravesaba un difícil divorcio que lo distanció bastante del film. Por eso contó con la colaboración del actor Bruce Wagner, Frank Darabont (Young Indiana Jones Chronicles), y Chuck Russel (Collateral).
Aquí se contaba el regreso de una Nancy adulta que se acercaba a un grupo de adolescentes encerrados en una clínica psiquiátrica que eran acosados por Krueger. Nuevamente, Nancy se encontraría con el escepticismo generalizado de los adultos. Mientras los chicos del centro comenzaban a morir, Nancy descubriría que una de las jóvenes tenía la capacidad de introducir a otras personas en sus sueños. Así, elaboraría un excéntrico plan de combate, que consistía en entrenar a los chicos para darle batalla al villano en su propio mundo, el de las pesadillas. El guión tomó un camino bastante parecido al de un juego de rol, donde cada personaje desempeñaba una habilidad (artes marciales, super fuerza, magia) para ser usadas en el momento adecuado contra Krueger.
Uno de los aspectos más interesantes del film fue que, por primera vez en la saga, se dieron datos biográficos sobre “el dueño de las pesadillas” que ayudaban a comprender la raíz de tan sanguinaria locura. La tercera película tuvo una acogida bastante positiva y se consideró que era un regreso al espíritu de la primera entrega, con una vuelta de tuerca que, aunque osada, conformó a muchos.
Este film significó también un cierre para el personaje de Nancy, quien finalmente sería engañada y asesinada por Freddy, demostrando que el bien no siempre triunfa. Sin embargo y a modo de esperanzador mensaje, tres de los chicos entrenados por Nancy (Kristen, Kincaid y Joey) heredarían el gran poder, la gran responsabilidad… y la secuela.
Para la cuarta entrega hubo sin embargo un cambio fundamental en el cast. En Dream Warriors, la encargada de interpretar a Kristen había sido Patricia Arquette, hoy en día protagonista de la serie Medium, pero para la fecha de rodaje de la cuarta película estaba embarazada, por lo que fue reemplazada por Tuesday Knight quien provenía de la televisión y rápidamente volvió a ella.
Como director quedó a cargo Renny Harlin (Die Hard 2, Exorcist:The Beginning) y para el guión se siguió la tradición de la saga: que no menos de tres personas lo escribieran al mismo tiempo.


En 1988 se estrenó Nightmare on Elm Street 4: The Dream Master quizás la entrega menos innovadora y más reiterativa de toda la saga. Volvían al ruedo los tres guerreros oníricos de la película anterior, pero con la resurrección de Freddy de por medio, eran fácilmente aniquilados. De esa forma cobraría protagonismo Alice, interpretada por Lisa Wilcox, quien junto a su flamante novio Dan, a cargo del actor Danny Hassel, acabaría por enésima vez son Freddy. El mayor valor de esta película probablemente resida en su calidad de efectos especiales, con varias secuencias memorables entre las que se destaca, cerca del final, la escena en que todas las víctimas de Freddy salen de su cuerpo y lo destruyen desde adentro.
La pareja de Alice y Dan daría paso a la quinta película, que los tuvo por protagonistas como un joven matrimonio en la dulce espera. El nuevo blanco que Freddy, nunca más original, pasaría a ser el bebé en gestación, en vistas de que las adolescentes siempre terminaban destrozándolo en el sentido más literal de la palabra.
Con la llegada de los 90’s apareció la sexta película, Freddy’s Dead, donde se prometía un cierre absoluto para el personaje. Uno de los elementos más interesantes de este film, fue que se contó de manera clara y directa la historia de Fred Krueger antes de convertirse en el monstruo “de las pesadillas”. La trama se centraba en la vida de Maggie, una psiquiatra de adolescentes conflictivos que encontraba a un chico amnésico proveniente de Springwood. Interesada por investigar el pasado del muchacho, se trasladarían a aquel pueblo, en el que ya no quedaba ningún niño. Los adultos, absolutamente trastornados por la soledad, repetían obsesivamente un apellido: Krueger.

Con el correr de la película, Maggie descubriría que su interés por aquella leyenda no tenía únicamente la curiosidad como motivación y su propia historia rápidamente se enlazaría con la de aquel asesino de niños del pasado. Se contó con una historia bastante bien pensada, escrita esta vez por una sola persona, Rachel Talalay que fue además la directora del film. Sin embargo, el resultado final fue algo extraño. Aunque se ahondaba en aspectos muy oscuros de la historia, se caía continuamente en un tono burlón y autoparódico, influenciado por el ícono pop en el que Freddy ya se había convertido.

Un ejemplo emblemático es la secuencia en que Krueger mataba a un joven de nombre Spencer metiéndolo en un videojuego. En cuanto los otros adolescentes le arrancaban el joystick para salvar al muchacho, Freddy gritaba en tono triunfal “¡Tengo el Power Glove!” en referencia al periférico que Nintendo había sacado para sus videojuegos y que consistía en un guante-joystick con una accidentada captura de movimientos. De ese modo, Freddy completaría su asesinato usando una serie de botones colocados en su guante de navajas…
Lo interesante fue que para la escena final de la (supuesta) muerte definitiva de Freddy, se utilizó una tecnología muy de moda en aquellos años: el 3D. Es por eso que antes de enfrentar a Krueger, la joven Maggie sujetaba los famosos anteojos rojos y azules.


En 1994 llegó Wes Craven’s New Nightmare, probablemente la visión más original y compleja de la franquicia. Esta película se situaba en el mundo real y significó el regreso de actores de la primera película como Heather Langelkamp, Robert Englund y John Saxon haciendo de ellos mismos. En el film los actores eran llamados por el propio Wes Craven (que también actúa en la película) para filmar la secuela definitiva por los diez años de la saga. Sin embargo, Heather comenzaría a ser acosada por un Freddy de la vida real y al cabo de varios días descubriría que el guión en el que trabaja Craven contaba exactamente lo que a ella estaba viviendo.
Como una serpiente que se muerde la cola, esta película pivotó continuamente entre la realidad y la ficción, en un relato circular que deja la conclusión de que, aunque a veces la realidad supere la ficción, muchas de las cosas que creemos reales quizás hayan sido escritas por un buen director de cine.
La última aparición del “verdadero” Freddy fue en el crossover Freddy vs Jason (2004), que bajo la dirección Ronny Yu (Bride of Chucky) planteaba el enfrentamiento entre el monstruo de los sueños y el Serial Killer con casco de hockey. Con un elenco casi puramente adolescente  y un argumento más que simple, la historia se centraba en cómo Freddy utilizaba a Jason para nutrirse del terror juvenil y volver a la vida. Sin embargo, Jason comenzaría a “robarle” presas a Freddy, lo que provocaría una competencia entre ambos y la subsecuente pelea de garras, machetes y baldazos de sangre. Sería la última aparición del Krueger de Englund en la pantalla grande.

Franquicia

Además del merchandising habitual que podía generar un suceso cinematográfico de la dimensiones de Nightmare on Elm Street  hubo una serie de productos derivados del carisma de Freddy Krueger y su llegada a los espectadores que casi no reconoce fronteras. El primer gran elemento desprendido de la saga fue una serie de TV titulada Freddy´s Nightmares, que contó con dos temporadas de 22 capítulos cada una y se inició en 1990. Como directores desfilaron algunos de los cineastas más importantes de la época, entre los que figuran Tobe Hooper (Texas Chain Saw Massacre  y Poltergeist) quien dirigió el capítulo piloto, Tom DeSimone (Swamp Thing), William Malone (Scared to Death), Michael Lange (Eureka) y Dwight H. Little (Halloween IV), entre varios otros. Esta serie tenía por presentador al propio Freddy, nuevamente interpretado por Robert Englund, que en un papel de anfitrión al estilo Rod Serling en Twilight Zone, introducía dos historias por capítulo. Tal como había ocurrido con Johnny Depp, esta serie contó con más de un actor desconocido que más tarde se proyectaría como astro de Hollywood. Tal fue el caso de Brad Pitt, quien a los 24 años participó del episodio Black Tickets.

Por el lado musical, Freddy también tuvo sus homenajes. La famosa banda de hip hop de los años 80, The Fat Boys  le dedicó un tema llamado “Are You Ready For Freddy?” que no sólo se convirtió en la canción de la cuarta película, sino que contó con un video clip en el que los tres miembros del grupo ingresaban en la casa de Freddy en Elm Street y rapeaban junto al personaje interpretado nuevamente por Englund, quien se prestó inclusive a cantar algunas partes de la canción. Para la misma película, Vinnie Vincent Invasion (la banda de quien luego reemplazaría a Ace Frehley en Kiss), grabó la canción “Love Kills” en cuyo video aparecen escenas de la película.

 

En la década del 80 ya era imposible que una saga exitosa en el cine no tuviera su contrapartida en los videojuegos y Freddy, claramente, no fue la excepción. En 1989 Monarch Software lanzó al mercado un juego basado en la franquicia para ser utilizado en la Commodore 64, y que consistía en una suerte de aventura gráfica protagonizada por los adolescentes de la cuarta película. Un año más tarde le tocaría el turno a la empresa LJN que publicó un videojuego de plataformas en 2D para las consolas de 8 Bits (Nintendo Entertainment System, Famicom o Family Game, para los amigos). Ambos juegos eran adaptaciones muy libres y bastante híbridas de varias películas de la saga estrenadas hasta esos años.
Muchas editoriales también publicaron comics basados en esta franquicia, como en el caso de Marvel que en 1989 le dio el puntapié inicial a otras series que le seguirían. Innovation Comics compró la licencia en 1991, poco antes de quebrar, y publicó tres series basadas en el personaje. En la primera se contaban aventuras y desventuras de los adolescentes de las cinco primeras películas y en una segunda etapa, adaptaron la película Freddy’s Dead. La tercera fue en formato 3D y buscaba emular la secuencia final que había sido hecha con esa tecnología.
Trident Comics republicó algunas de estas series para el Reino Unido en 1992, poco después de la caída financiera de Innovation. Ya en 2005 el gran regreso de Freddy fue a través de la empresa Avatar Press, que publicó un especial de tres números titulados A Nightmare On Elm Street: Paranoid. Un año después, WildStorm Productions se hizo cargo de los derechos que hasta ahora mantiene. En 2007, se publicó Freddy vs Jason vs Ash, una secuela-crossover no canónica que sumaba al duelo a Ash Williams, protagonista de la saga Evil Dead (1981) de Sam Raimi.

 

28 años soñando con Freddy Krueger (Parte 1)

Esta nota fue escrita originalmente para la revista “Terror” en junio de 2011, pero no llegó a publicarse.


Soñar no cuesta nada

Nunca hubo tantos motivos para tener insomnio después de ver una película de terror. Y no es para menos, ya que el creador de la saga, Wes Craven, dijo haberse inspirado en sus propias pesadillas infantiles para darle vida a Freddy Krueger. “Me di cuenta que el mundo de los sueños es un lugar al que se debe ir solo”, definió en una entrevista para la revista La Cosa. Habiendo estudiado algunos años de psicología, Craven llevó por bastante tiempo un diario en el que dejaba constancia de las imágenes que lo atormentaban a la hora de dormir. Influenciado también por la lectura de La Interpretación de los Sueños, de Sigmund Freud, Craven encontró una definición que bastante tendría que ver con su asesino onírico. Allí, el creador del psicoanálisis definía a los sueños como formas de cumplir deseos reprimidos que, censurados por la conciencia, quedaban latentes en el subconsciente y regresaban en forma de sueños. Muchas veces, tenían que ver con experiencias recientes de la vida cotidiana, y en otros casos, con hechos del pasado, archivados en la mente y en apariencia olvidados.
La autocensura, el ocultamiento y el surgimiento espontáneo de las más traumáticas experiencias, fue el mejor escenario para que Craven le diera una lógica sólida a su personaje. El Freddy Krueger vivo sintetizaba toda la perversión y maldad que cualquier pueblo querría olvidar. Como se revela en la sexta película (Freddy’s Dead), este asesino de niños que había secuestrado y mutilado a los amigos de juegos de su pequeña hija Kathryn (devenida en Maggie, protagonista del film), había quedado en libertad por un tecnicismo de la justicia. Sin embargo no le escaparía a la reacción de sus vecinos quienes, indignados por la impunidad, lo quemarían vivo. Fred Krueger, entonces, se convertiría en un nombre que por mudo acuerdo ningún adulto volvería a pronunciar. De Freddy apenas sobreviviría una canción que en tono fantasmal entonaban los niños que jugaban en la vereda. Agazapado en algún rincón del inconsciente social Fred volvería a ser parte de un vecindario que había querido olvidarlo. Y ese fue el punto de partida de la primera película.
Nightmare on Elm Street se estrenó un 16 de noviembre de 1984, en plena explosión del cine norteamericano fantástico. Ese mismo año habían llegado al mundo Gremlins, Indiana Jones and the Temple of Doom, Children of the Corn, Dune, Friday de 13th: The Final Chapter, Ghostbusters, The Neverending Story y The Terminator, entre otros títulos que obligaban a los aficionados del género fantástico a tener los bolsillos llenos o un amigo en la boletería del cine. En semejante contexto, Freddy hizo su llegada triunfal.
También sería el primer éxito arrasador de Wes Craven, un ya cuarentón profesor de escuela cuyo aburrimiento hacia la vida académica lo había obligado a plantear un fuerte giro en su vida. Luego de una temporada como taxista, Craven se le animó al montaje cinematográfico y los guiones, dando luego sus primeros pasos en dirección con films como The Last House on the Left (1972) y The Hills Have Eyes (1977). Craven también admitió que para darle forma a la historia de Freddy, se inspiró en una serie de notas publicadas en Los Angeles Times, donde se relataban varias muertes ocurridas espontáneamente durante el sueño. Antes de fallecer, las víctimas habían dicho sufrir pesadillas recurrentes.
El director, luego de años de realizar films “para otros”, se había cansado de los resultados finales de sus obras siempre alejados a lo que el mismo quería, debido a los cambios de guión que le exigían, los  presupuestos que variaban en plena filmacion y un larguísimo etc. Todo esto llevo a Craven a buscar otro camino para realizar sus producciones. Con una ya gran cantidad de seguidores y una cuenta bancaria importante como para poder mantener a sus dos pequeños hijos, pudo darse el “lujo”, por primera vez, de poder dedicarle seis meses completos a un guión propio. Desde joven había sentido gran atracción por el mundo de los sueños, al punto de escribir un ensayo sobre ellos en la facultad. De hecho, dice haber aprendido a usar los sueños para trabajar, al punto de haber desarrollado la  trama completa de su película The People Under the Stairs mientras dormía.

Cinematográficamente hablando, en el campo de los sueños uno puede jugar con el tiempo, los planos, sonidos, efectos, y un sin fin de recursos ópticos que dan al guión un abanico interminable de posibilidades para aprovechar en la pantalla.

 

Craven, de maestro a cineasta

 

 

En un principio, Craven pensaba construir a Krueger como un abusador de niños, pero debido a la cantidad de denuncias de ese tipo que hubo en California durante los años 80, modificó el guión para que no pareciera estar aprovechándose de un tema tan delicado. En cuanto al aspecto demacrado de Freddy, Craven sostuvo en varias entrevistas que a los once años era perseguido por un hombre de horrible aspecto que lo observaba desde la calle cuando él estaba en su habitación. El sujeto, que según Craven tenía el rostro demacrado, le dio el toque estético al monstruo que, años después, el asustadizo nene crearía. Dentro del guión, el punto mas difícil que encontró Craven era el “como derrotar al villano”. Al hacer a Freddy amo y señor de las pesadillas, resultaba poco creíble que encontrara su final dentro de ellas. Por eso el director llego a la siguiente conclusión: Para derrotar a Freddy habría que traerlo al mundo real.

Como todo Slasher Killer Freddy debía tener un arma para matar a sus victimas, pero Wes sabia que tenia que ser algo original y no el típico cuchillo ya visto hasta el hartazgo en films del estilo. Leatherface tenía la motosierra, Jason el machete y Myers el gran cuchillo. Fue recién en la tercera reescritura del guión, y gracias a su gato que arañaba el sillón, que el creador encontró el arma perfecta para el asesino de los sueños: un guante con cuchillas. Parte de lo que decidió a Craven por esta arma fueron los sonidos con los que la cuchilla podía jugar al pasar por una pared, caño o pizarra.

 

 

El largo camino a las pesadillas…

Craven mostró el guión en varias productoras, y en todas tuvo muy buena aceptación, pero no logro que financiaran su creación. Luego de varios meses mostrando su trabajo, sus ahorros empezaron a bajar, llegando a tener que vender su casa. La excusa que ponían los estudios para no darle el visto bueno era que su film seria muy difícil de catalogar ya que no era un slash film del todo pero, sobretodo, no era del estilo de sus films anteriores por los que ya había ganado un cierto respeto en el medio. Mientras seguía llevando su idea a varios estudios tuvo que trabajar reescribiendo guiones de otras personas, cosa que lo llevo a pensar en declinar la idea de darle vida a su monstruo… o por lo menos, hasta que apareció Mickey Mouse.

Aunque no lo crean, la primera empresa que realmente estuvo interesada en este original guión fue la Disney. Su idea era bajarle el tono y tener una película de Freddy en el Disney Channel en cada Halloween. Que una empresa tan importante haya estado tan interesada en su bebe calcinado vivo hizo que siguiera insistiendo en otros lugares. Es así que llego a la Paramount quienes declinaron el guión por algo que sorprendería al director: la idea que se manejaba en él era muy similar a la del film Dreamscape, que todavía no había sido estrenada. En ella no solo había niños que no podían dormir, gente que se metía en los sueños de los demás, sino que también uno de los personajes tenía cuchillas en los dedos. Wes no tuvo más remedio que llevar su creación al sector independiente. Así llego a conocer a Robert Shave de New Line Cinema quien fue el primero en tener la fe suficiente en el proyecto como para encontrar la financiación necesaria para hacerla realidad. Shave era una especie de comodín en el medio, habiendo escrito, producido y filmado cortos, publicidades y video clips pero también, ya metido en el mundo de la distribución de films ya destacados del horror como The Texas Chainsaw Massacre y Evil Dead. Ya todo estaba dado para comenzar con la pesadilla…

 

 

 

 “Los pecados de los padres volverán sobre los hijos”
Wes Craven sostuvo en varias oportunidades que no entendía a Freddy Krueger como un personaje sobrenatural, sino que se enmarcaba en un concepto básico de sus películas: la idea del mal como algo intrínseco al ser humano. Sin embargo, y llevado por su marcada formación religiosa, Craven también suele citar una frase bíblica que según su interpretación encierra el sentido de su obra: “Los pecados de los padres volverán sobre los hijos”.
La idea del horror transmitido a través de las generaciones, las familias disfuncionales y, por sobre todo, el desencuentro entre padres e hijos fueron una constante casi tan evidente como el asesino que hilvana la saga. Aquella generación justiciera de los ahora adultos, cargaba con el recuerdo del asesino de un modo atormentado. Y es en esa negación, probablemente, donde Craven sitúa el pecado.
En la primera película de Nightmare on Elm Street, una adolescente llamada Tina era acosada mientras dormía por un hombre desfigurado al que no conocía. Mismos tormentos comenzarían a vivir sus amigos, pero en todos los casos aquel miedo sería relativizado o negado por el mundo adulto. Y es Nancy (Heather Langenkamp), protagonista recurrente de la saga, la única víctima de Freddy que en esta primera entrega lo desafiará. En los inicios de la franquicia la idea de su autor era poner en el tapete cómo la gente le hace frente a los miedos. La madre de Nancy se emborrachaba, su padre no la escuchaba y sus amigos se burlaban. Era ella la encargada de demostrarles que la única forma de enfrentar a Freddy consistía en no tenerle miedo.
Para el papel de Freddy fue elegido Robert Englund, quien venía de interpretar al adorable Willie, en V Invasión Extraterrestre. Como Willie, Englund construyó a un personaje noble y sensible que se distanciaba de la frialdad de sus iguales, los Visitantes reptilianos que invadían la Tierra en la serie televisiva. Para encarnar a Freddy, Englund se vio ante el desafío de dotar de vida a un homicida que no sólo era oscuro por su historia, sino por su aspecto. No había actores “pochocleros” ya que, por el costo de los efectos especiales del film, se debía recortar desde otro lado. El único actor reconocido por haber estado en alguna película de horror anterior fue John Saxon que haría del padre policía de Nancy.

Para diseñar al monstruo hubo muchas manos, pero quien más relacionado quedó con los resultados fue Kevin Yagher. El artista de apenas 22 años había trabajado en Friday the 13: The Final Chapter  (1984) y se sumó al equipo de efectos especiales en la segunda película de la saga de Freddy. Repitió su trabajo en la tercera y cuarta entrega para luego encargarse de The Crypkeeper, el presentador de Tales From The Crypt. Yagher había sido aprendiz de dos de los mejores encargados de efectos especiales de la historia: Rick Baker (An American Werewolf of London) y Stan Winston (Jurassik Park).
También había recolectado buenas críticas por su aporte en Amazing Stories de Steven Spielberg y tras los buenos resultados con Freddy, fue contratado para fabricar a los alienígenas de Cocoon de Ron Howard, el muñeco Chuky y más tarde como director de varios episodios de Tales From The Crypt. El mayor logro de Yagher con Freddy fue sin dudas haber logrado un espeluznante make up que mantenía los rasgos de Englund y le daba la libertad de gesticular con bastante facilidad, por lo que su interpretación no se veía demasiado limitada.
En terreno de actores, Craven contrató un elenco de adolescentes desconocidos, urgido por el bajo presupuesto con que contaba el film. Sin embargo, uno de los jóvenes protagonistas que encontraría una violenta muerte hacia el final de la película, fue nada menos que Johnny Depp. Su papel como Glen Lantz, el novio de Nancy, significaría su primer paso en el cine y regresaría para un cameo en la sexta entrega, Freddy´s Dead (1991), cuando ya estaba consagrado como el increíble actor bajo el maquillaje de Edward Scissorhands. Como dato curioso, está el hecho que Depp realmente quería ser estrella de rock y fue Nicolas Cage quien le sugirió que probara suerte en el mundo cinematográfico y quien lo ayudo a preparar su personaje para las audiciones. El estilo de Johnny no tenía nada que ver con el que buscaba Craven para su personaje, pero fue la hija adolescente del director y las amigas de esta, quienes lo convencieron de que tenía que contratarlo. Claro, se habían vuelto locas en la audición del hoy sex symbol. El director diría más tarde sobre Depp: “Tiene un carisma especial que ninguno de los otros actores tenia. Una espacie de atracción a lo James Dean, poderosa pero sutil a la vez”. Para Nancy, se eligió a Heather Langenkamp, quien sólo contaba con una película para cine. Aunque regresó al papel de la valiente Nancy en el tercer film, Dream Warriors (1987), sus trabajos posteriores escasearon. Como la mejor amiga de Nancy y primera en comprobar lo afiladas que estaban las uñas de Freddy, fue seleccionada la actriz Amanda Wyss, que a diferencia de sus compañeros contaba con más experiencia en el mundo del espectáculo y particularmente en las telemovies. Después de su paso por la saga de Craven, se dedicó casi de lleno a apariciones diversas en series de televisión. Misma suerte corrió su joven novio en la ficción, Jsu García, (figura como Nick Corri en los créditos). Luego de morir ahorcado en prisión por el villano del guante con cuchillas, se lo vio en series de TV y como personaje secundario en varias películas, entre las que figuran Che, el Argentino y The Lost City (en la cual interpretaba justamente al revolucionario argentino).

Esta historia es real, le sucedió al amigo de un amigo

Ya nos hemos referido largamente a los separadores de Magic Kids y como es evidente que en este blog Cartoon Network tiene una participación más bien minoritaria, es momento de suplir eso por un rato. Hoy le toca el turno a una serie de cortos que CN solía pasar en las propagandas y a las que se llamaba popularmente por esa frase repetida al final de todos los capítulos, la misma que titula esta entrada.

En realidad, esta serie se llamaba “Freaky Stories” y era de origen canadiense. Se trataba de 35 cortos animados con diferentes estilos, en los que se tomaba como punto de partida una leyenda urbana, asegurando que la historia era real. En la versión original, había tres cortos por capítulo y eran presentados por dos títeres animatrónicos de insectos llamados Larry y Maurice, de los que lamentablemente no encontré muchas más referencias que esta foto:

Sexy.

Y este detrás de cámaras:

La intro original de la serie era la siguiente:

Estuvo al aire de 1997 hasta el 2000, lo que dio un total de 35 episodios compuestos por 140 historias de cinco muntos cada una. No obstante, en Cartoon Netwok de América Latina se presentaban sólo algunos. Y, como debe ser, pueden vovler a verlos ya mismo…

Como ocurre en Canadá, el programa era bilingü y se transmitía en inglés o fracés según el canal y la región en que se transmitiera. El creador fue Steve Schiner, quien también había participado como editor de sonido en la serie del Inspector “Gadget” de 1983 y en la serie animada de Nickelodeon “Rupert” (el osito blanco con ropa escocesa) entre 1991 y 1992. En la actualidad, sigue trabajando como guionista de series de Tv dedicadas al público infantil.

Desde 1997 tiene su productora, Vujade Entertainment y presentó una webserie en Youtube que pueden ver acá y leer más sobre este proyecto en esta entrevista (inglés).

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